Cinco Poemas Inéditos

Silvestre Galeano

Desaparecidos III

Camino entre lápidas abandonadas
y busco un detalle tuyo
entre el musgo y el légamo,
te busco en la humedad y la hierba del tiempo
acumulados en un rincón del olvido,
quizás hoy sean tus compañeros la tierra
la cruz de madera a punto de caer
la plaquita de concreto sin nombre
o el montículo con la maleza florecida,
pude pasar por encima de tus despojos
arropados por capas de años
o sea tuyos ese cráneo y esos huesos
donde acechan la lagartija y la araña,
quisiera, ahora, saber donde te encuentras
saber que estás ahí
entre el pasto y el verano,
saber donde reposas los golpes
y las infamias de tus captores,
quisiera poder llorar ante tu tumba
postrado de rodillas
desahogar todas mis penas
y que mis lágrimas refresquen tus heridas,
quisiera poder gritar tu nombre al infinito
te seguiré buscando hasta hallarte
y quiero hacerlo antes de morir .

Canción del Ribereño

Por el río bajan flotando troncos
y a mi canoa la pueden golpear
son árboles que tumba la erosión
pedazos de tierra firme que el agua deslavó,
por el río voy al pueblo
y llevo a vender el pescado
que con mi atarraya saqué al amanecer,
por el río baja flotando el buchón
viene boyando entre las ramas
la maleza del agua
la plaga que acaba con la ciénega,
por la orilla del río tengo yo mi rancho
con mis hijos y mi mujer
allí barequeo de vez en cuando
y me zambullo de cuando en vez,
por la orilla del río pasan hombres armados
y yo me tengo que callar
a mi mujer le toca cocinarles
mientras mis hijos se tienen que esconder,
por el río bajan flotando muertos
que los hombres armados van dejando
bajan enredados en islotes de buchón
con gallinazos de marineros
y de esa agua tenemos que beber,
por el río bajan flotando troncos
y entre sus ramas traen buchón.

Minga

Vienen olorosos a la lluvia de la sierra
son turpiales que cantan alegres por camino
llegan vestidos de sangre y naturaleza,
arriman de todos los confines
buses con las chirimías de las veredas
camiones con las provisiones de la fiesta,
hombres curtidos del sol
mujeres de sementeras y huertas
ancianos con la sabiduría de los años
niños con la sed de aprender,
la guardia avanza a la cabeza
con su bastón atávico,
unos animan al guardia en su control
otros arreglan las vituallas de la olla comunal,
son los comuneros, el bloque de todos
la voz y los brazos de una comunidad
son marea en las cordilleras
la conciencia ancestral,
en la minga se reúnen todos
a una sola voz, a un solo hombro
las personas se hacen bloque
un bloque muy capaz.

Reencuentro

Pasados los años
se descubrieron de nuevo
el uno al otro
las miradas se cruzaron
y los pliegues en la piel
ocultaron la imagen
de una cara sonriente
que solo el deseo
y el roce en la piel de los dedos
pudo reencontrar.

Las huellas en el muro

La pared de la escuela
se colmó de huellas,
manos grandes y pequeñas,
rastros de palmas que ya no atrapan la pelota,
trazas de dedos curtidos en operaciones aritméticas,
marcas de puntitas ágiles al jugar en el teclado,
de manos suaves al acicalar la mascota,
amorosas al acariciar la piel tersa de una madre,
impronta de manos constructoras de esperanzas,
juguetonas e inquietas
inocentes y tímidas;
siluetas de varios colores
trepan por el muro
para vencer el miedo
y superar la adversidad,
manos que atan con hilos invisibles
los niños del ayer,
del hoy
y los hombres del mañana,
el muro de la escuela dejó de ser frío
silencioso,
indiferente,
impávido,
para ser un boceto de alegría,
una fiesta de colores
una partitura a la felicidad,
huellas digitales grabadas
en el pañete rugoso
llenan de sonrisas, grititos y bullicio las tardes del verano,
en el patio de la escuela,
colores vivos de constelaciones infantiles
policromías que son testimonio
de elucubraciones entre juegos
de cavilaciones entre rondas y canciones,
deditos que trepan el muro,
asaltan la atención
y emboscan la mirada,
el muro blanco de la escuela se colmó de huellas
desde la base
hasta la solera,
pirámides de párvulos cambiaron
la escenografía del patio
y el silencio de las tardes del verano.

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